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Edgard Palacio, un apasionado por las motos

Entrevistas





Les recomiendo a los jóvenes que están empezando, que se capaciten antes de montarse en un aparato de estos” Edgard Palacio.

Edgard Palacio, es un actor Barranquillero muy recordado por su interpretación en la serie de televisión Dejémonos de Vainas, escrita por Daniel Samper Pizano y Bernardo Romero Pereiro, en la cual actuó durante 11 temporadas (1984-1995), además del largometraje Cien Años de Infidelidad (1980), dirigido por Eduardo Sáenz, entre otras muchas obras de teatro y programas de televisión, sin embargo, hoy les hablaremos sobre una faceta poco conocida de Edgard, su pasión por las motos.

En medio de una amena charla en su casa, Edgar nos contó que desde muy pequeño fue aficionado a las motocicletas, en verdad no recuerda cuando aprendió a manejar una, calcula que tendría unos 10 años, tanto así que su hermano Yesid, quien fue piloto de aviación, le decía: “que había estado en el vientre de su madre no en posición fetal, sino como un piloto de superbike”. Su hermano igualmente siempre tuvo moto; una Peugeot de 49 cc fue su primer acercamiento con las máquinas de dos ruedas. En medio de la charla recordó cuando en 1958 en compañía de Yesid, visitaron la casa de un amigo de su hermano y vio en el garaje una Yamaha algo estropeada, un hijo del dueño de casa se había caído en ella, no querían saber más de motos; fue así como se la regalaron y con la ayuda de su hermano la reparó y puso en funcionamiento, siendo esta su primera moto propia. Para ese mismo año, se reunía con un grupo de amigos y competían en un circuito alrededor del Country Club de su ciudad, desde allí se apoderó de él la fiebre por las motos.

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En su extensa trayectoria como motociclistas ha sido propietario de 40 motocicletas, aproximadamente y como siembre ha tenido vocación por las ventas, y ahora negocia con ellas, calcula que por sus manos pueden haber pasado más de 200. En su concepto la Yamaha Virago 1.100cc es una de las mejores que se han fabricado, dice que no conoce a nadie que se queje de esa máquina.

Las motos son sinónimo de rodada, de camaradería y encuentros, Edgard, ha participado en más de 100 encuentros de motociclistas a lo largo y ancho del país, de los cuales exhibe con orgullo en las paredes de su estudio alrededor de 78 certificaciones de asistencia, no en todos le han entregado un diploma para enmarcar, igualmente tiene todos los afiches y las programaciones originales de dichos encuentros. La pasión por las motos está reflejada en cada una de sus palabras y plasmada en los muros de su hogar, pudimos apreciar fotos y cuadros de todo tipo de motocicletas, además cuenta con colecciones de motos a escala y revistas especializadas, tanto nacionales como internacionales, le gusta leerlas y está muy bien documentado del mundo del motociclismo.

En sus 58 años de motociclista, ha podido recorrer gran parte del territorio nacional, calcula que conoce un 90% de las vías de nuestro país, las cuales ha recorrido tanto en carro como en moto, sobre todo en sus motos. Normalmente viaja con su gran amigo Bernardo Londoño Botero, ya que le gusta ser muy cumplido y puntual en sus horarios y no siempre los moteros salen a la hora que está programada la rodada y esto le molesta bastante. Además tiene un ritmo de conducción en carretera prudente, lo cual le ha evitado verse involucrado en accidentes, rueda en promedio entre los 90 y 100 kms por hora, dependiendo de las condiciones de las vías y el clima.

Mías he tenido aproximadamente 40 motocicletas y como yo negocio con motos, por mis manos han masado alrededor de 200” Edgard Palacio.

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Sus viajes lo han llevado a visitar las fronteras de Venezuela, en San Cristóbal y Ecuador, en Tulcán. El viaje a Tulcán, se dio de una manera no programada, inicialmente salió con un grupo de amigos hacia unas fiestas en Ibagué, allí se encontraron con otros amigos de Cali, quienes los invitaron a ir a la ´Sucursal del cielo´, al llegar allí un grupo de pastusos los invitaron a rodar con ellos y decidieron bajar hasta el Santuario de Las Lajas, en Ipiales, al llegar allí otro grupo de amigos ecuatorianos los invitó a conocer el cementerio de Tulcán, una verdadera joya arquitectónica.

Como buen apasionado por las máquinas, él mismo se encarga de lavar y cuidar sus motos, de igual manera les realiza los mantenimientos básicos preventivos, así ha logrado mantenerlas en óptimas condiciones y por supuesto, que nunca lo dejen tirado en la vía. Solo recuerda una varada en 1982 cuando conducía su moto marca Pannonia, checoslovaca (de 2 tiempos y 250cc), en la carretera regresando de San Juan de Arama, departamento del Meta, conocida como "Puerta de entrada a la Sierra de la Macarena", cuando en un destapado de calló con su moto y se le rompió la parte inferior de la caja, con la ayuda de su compañero de viaje y masilla epoxica, pudo reparar la avería para continuar el camino.

La motocicleta más grande que ha tenido Edgard, fue una Yamaha Royal Star 1.300cc modelo 1996, con 4 cilindros y cuatro carburadores, la cual tuvo que vender por que ya era difícil conseguirle repuestos como los filtros de aire o aceite. Con los años aprendió que las motos y la carretera se disfrutan con prudencia, con calma; no como lo hacen los jóvenes de hoy que las aceleran hasta el tope de las revoluciones, no solo maltratando la máquina, sino que lo hacen poniendo en riesgo su propia integridad. Sin embargo no hay motociclista exento de una caída, Edgar, tubo esta desagradable experiencia cuando regresada de un encuentro en La Dorada, Caldas y llegando al Alto del Vino, al frenar para darle la vía a un conductor que estaba empujando un viejo carro, el compañero que venía de tras de él no alcanzó a frenar y se cayeron, en esta ocasión se lastimó dos costillas, además su acompañante igualmente se lastimó una pierna, pero afortunadamente sin mayores consecuencias. Los demás solo han sido pequeños incidentes en los que la moto le ha ganado parqueada o una frenada sobre arena, nada que lamentar.

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Edgar nos contó que está muy contento con las motos japonesas, cree que son las mejores motos que hay, son máquinas muy confiables; al preguntarle por su moto soñada, nos contestó: “Si yo viviera en otros país, a mí me gustaría tener una Honda Goldwing, una Valkyrie Rune o una Triumph Rocket III 2.300”.

Con todo lo que ha podido recorrer en sus motocicletas, sueña con poder viajar a los encuentros de moteros en Sturgis, Dakota del Sur, a Daytona en Florida, al Hollister Independence Rally o al encuentro de veteranos de guerra en el cementerio de Arlington, como el mismo lo dice: “alguna de esas vainas donde se reúnen 200 o 300 mil motos”.


Comentarios   

0 #1 octavio perez morale 17-10-2016 03:24
este man era el costeño de dejemonos de vaina casi no lo reconozco jajajajaa
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