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Pasaporte al Sur en Himalayan 400 - Por: Juan Carlos Posada

Actualidad





 

La aventura de Eli y Juan sobre dos Royal Enfield Himalayan

Por: Juan Carlos Posada 

 

Aprendiendo de vinos y viñedos en MendozaEl 19 de enero partimos desde La Ceja, Antioquia en dos Royal Enfield Himalayan 400 con la meta de recorrer un gran “pedazo” de Suramérica en un tiempo aproximado de 4 meses. Era el comienzo de un sueño muy parecido al de muchos motociclistas. Queríamos tomar nuestras motos y dejarnos llevar por un viaje sin camisas de fuerza, sin rumbo fijo y con la mente abierta a recibir lo que esta aventura tuviera para ofrecernos.

Nuestros nombres son Eli y Juan, los de nuestras motos Irbis y Luna, Irbis es la negrita de mi compañera Eli, y Luna es mi blanquita.  Con ellas hemos recorrido más de 15.000km al momento de escribir estas líneas. A pesar de ser un modelo nuevo y desconocido en todos los países por donde pensábamos pasar, las elegimos porque nos parecieron ideales para el estilo de viaje que queríamos realizar, sin prisas y sin estar limitados a las vías asfaltadas, pues la Himalayan es una moto que fue creada para defenderse muy bien en carreteras de todo tipo y su mecánica simple, sin complejidades de ninguna clase, nos daba tranquilidad para hacer un viaje largo como el que teníamos en mente, sabiendo que en caso de que algo sucediera sería posible encontrar soluciones en el camino.

Nuestra ruta comenzó visitando Bogotá, ciudad que visitamos para compartir con los aficionados a esta marca, con quienes estuvimos una tarde en la vitrina de Royal Enfield, lo mismo hicimos el segundo día pero esta vez en la tienda de Cali y en ambos lugares nos sentimos muy bien recibidos, esos dos primeros días también sirvieron para comprobar que las motos iban muy bien con todo el equipaje a bordo. Al ser un modelo nuevo estábamos probando varios accesorios que Mastech había diseñado especialmente para ellas. Llevábamos unos soportes laterales con sus respectivas maletas de aluminio en Irbis y una nueva versión de maletas más livianas en Luna construidas con cuerpo de aluminio y base y tapa en fibra de carbono y kevlar; nuestras motos también iban equipadas con unas barras protectoras de motor muy sólidas, elevadores de manubrio, exloradoras LED con su respectivo soporte y un muy necesario protector de radiador.  Además de ello les habíamos instalado unos “handsaver” de Fullmoto, de los que se utilizan en Enduro que son muy resistentes a la hora de proteger nuestras manos y también las levas en caso de caída.

De Cali seguimos a Pasto, donde un viajero con muchos kilómetros encima, llamado Hernando, nos invitó a quedarnos en su casa. Él y su esposa hicieron de nuestra estadía en esta ciudad una experiencia muy agradable y de allí salimos con todos los ánimos a cruzar Ecuador, país que recorrimos de Norte a Sur en dos días, ya que queríamos avanzar al sur con el objetivo de aprovechar el verano y el buen clima en la Patagonia y aunque nos disfrutamos los paisajes del país vecino y sus excelentes vías, lo mejor lo dejaríamos para el regreso. Perú nos recibió con una frontera que nos tomó casi el día entero en cruzarla, pero nos armamos de paciencia y hasta disfrutamos las 6 horas de fila que hicimos para obtener el sello en nuestros pasaportes.

campo de energía eolicaEl viaje nos había traído la sorpresa de cruzarnos con Simone, una alemana con sed de aventuras, que había llegado a Colombia a comprar una moto y con ella nos cruzamos en la carretera cuando paró a saludarnos mientras hacíamos una pausa cerca de Quito. Llegó en su Classic 500 y así fue como se juntaron 3 Royal Enfield rumbo al sur, con ella compartimos una semana de ruta y lo pasamos realmente bien esos días, rodamos juntos hasta Lima y allí nuestros caminos tomaron rumbos diferentes, ella quería seguir rumbo a las montañas y nosotros por la costa del Pacífico recorriendo el inmenso desierto que cubre miles de kilómetros y que abarca todo el Perú y gran parte de Chile.

El desierto nos trajo paisajes increíbles, a ratos abrumadores y algunas veces tremendamente monótonos, en especial en algunos tramos donde la vía era una recta que se perdía en el infinito hasta donde la vista nos alcanzaba, en esos momentos el sueño nos quería atrapar y para combatirlo dos estrategias serían de gran utilidad, la posibilidad de conversar o de escuchar música que nos daban nuestros intercomunicadores Sena SH10, un equipo que ha probado ser de mucha importancia cada día del viaje, ya que no solo nos sirve para compartir mientras avanzamos, sino que además ha sido de gran ayuda en momentos en que necesitamos advertirnos sobre peligros, ayudarnos en adelantamientos y en muchas otras situaciones.

Junto con el desierto pudimos disfrutar increíbles carreteras que bordean la costa, en el sur de Perú hay algunas que parecen de fantasía, son como una poesía en forma de asfalto y paisaje, con dunas inmensas de blanca arena por un lado y acantilados que dibujan curvas maravillosas para disfrutar de nuestras motos, al mismo tiempo que nos ofrecen panorámicas alucinantes del océano. El norte de Chile también nos deleitó con carreteras impresionantes al borde del océano, rutas que por momentos parecen irreales, siguiendo playas desiertas, donde se recorren largas distancias sin cruzarse con nadie.

El camino nos ha llevado a cruzarnos con personas maravillosas que será imposible olvidar, Alexis fue una de ellas, nos acogió en su casa una noche en la que tuvimos problemas cuando estábamos cerca de Mejillones, ciudad costera donde él vive. Gracias a un grupo de Facebook, llamado R.A.G.M.I, que ofrece asistencia a los motociclistas viajeros, al que nosotros acudimos cuando irbis se nos apagó en la carretera, Alexis se enteró y salió a buscarnos, luego la moto prendió nuevamente como si nada y como ya era de noche nos ofreció su casa para quedarnos. También fuimos hospedados por los miembros del Motoclub Sombras del Camino en una ciudad llamada Copiapó y una familia nos invitó a quedarnos en su finca en las afueras de la capital Chilena, allí nos recibieron con una calidez que agradecimos demasiado, pues sentimos ese calor de hogar que tanta falta hace en un viaje como estos.

Las maletas de Mastech han probado su resistencia en muchos momentos, aqui el fuerte viento tumbo la motoEn Santiago tomamos la decisión de cruzar por primera vez los Andes hacía Argentina, lo hicimos por el Paso de los Libertadores, una carretera que trepa por estas altas montañas dibujando unas curvas que a duras penas caben en la imaginación, ese día vimos algunos de los paisajes más bellos que el viaje y también tuvimos el privilegio de observar el Aconcagua, la montaña más alta de américa con casi 7 mil metros.

Mendoza fue la primera ciudad que visitamos en Argentina, un destino que nos dejó muy buenos momentos, aprendimos bastante de vinos y viñedos, montamos a caballo, caminamos por sus arborizadas avenidas y en el hostal donde nos hospedamos conocimos una pareja de viajeros alemanes con los que hicimos muy buena amistad, ellos venían del sur en su moto y nos compartieron muy buena información de lugares y rutas que debíamos visitar. De las conversaciones con ellos surgió un destino que nos llamó especialmente la atención, nos hablaron de un lugar muy lindo que teníamos que visitar rumbo al sur, cerca de la famosa Ruta 40, su nombre era Valle Hermoso y por las indicaciones que nos dieron llegamos fácilmente unos días más tarde. Efectivamente el lugar era muy lindo, pero vimos que el camino que nos había llevado hasta allí, continuaba por entre las montañas haciéndose más estrecho y sin asfalto.  La curiosidad de seguir avanzando fue mucha y decidimos dar un vistazo. A medida que nos adentrábamos el paisaje se hacía más increíble, a nuestro alrededor aparecían montañas de formas y colores indescriptibles, era como estar en medio de un atlas de geología y no parábamos de hacer fotos para tratar de capturar un poco de tanta belleza.

playas de pescadores en la costa de peruEl cielo se fue cubriendo de nubes y como no teníamos idea de hacía donde nos dirigíamos y no parecía buena idea quedar en medio de una tormenta en esas montañas, donde el clima cambia de maneras que nosotros no conocemos y para las que no estamos preparados, decidimos que era hora de dar media vuelta y regresar, en eso sentimos un carro que se acercaba y por curiosidad lo paramos para preguntar qué había más adelante. Nos contaron que el verdadero Valle Hermoso estaba 25km más adelante, que allí podríamos acampar junto a un lago y para terminar nos dijeron que lo que habíamos visto hasta ese punto no era nada.

Con esa información no dudamos en seguir avanzando y efectivamente a medida que avanzábamos por esas montañas la carretera se fue tornando cada vez mejor, con paisajes que nos sorprendían tras cada curva y vistas más impactantes que las anteriores, hasta que en un punto dimos una curva y ante nosotros apareció Valle Hermoso. El lugar hacía honor a su nombre, era un caleidoscopio de colores, formas y contrastes formados por las montañas que circundaban un pequeño valle, allí nos quedamos varios días acampando, tuvimos tiempo para desconectarnos del mundo, para hacer nuevos amigos, para caminar, para disfrutar de noches estrelladas y para recargarnos de buena energía para las sorpresas que nos traería el camino más adelante, pero eso se los contaremos en la próxima historia.

Los invitamos a seguir nuestras historias en Instagram, Facebook, Twitter y Youtube, donde nos pueden encontrar como Pasaporte al Sur en Himalayan 400.

Agradecimiento especial:

Royal Enfield, Mastech, Riders Cololmbia, AGV Helmets, Dainese, Brake Force, Cadenoil, Sena, Lynce Seguros, Taller MotoBox Medellín y Tres Deko.

Link del recorrido:

https://www.google.com/maps/d/viewer?mid=1KFLCsp-TdQfRbGxaclVimC3_b78&ll=-24.64519176586375%2C-58.741920937500026&z=4

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