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Pasaporte al Sur - Así se reportan los Colombiano

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El día que nuestro viaje finalmente cruzó las fronteras, con las ruedas de Luna e Irbis pisando carreteras ecuatorianas, la internacionalización fue un paso más allá. Estábamos en un restaurante, muy cerca de Quito, degustando unos chorizos locales acompañados de papas, cuando sentimos un sonido que parecía conocido y al voltear a mirar de manera instintiva, algo inevitable para los que amamos las motos, resulta que aquel petardeo provenía de un monocilíndrico de esos que solo produce Royal Enfield, un 500 para ser más exactos. Una rubia melena fue lo que vimos salir de un casco azul y negro, era Simone con su sonrisa contagiosa, una alemana cargada de buena energía que llego hace poco a Colombia, decidida a comprar una moto para recorrer Suramérica, pero no cualquier moto, ella quería una Classic 500 como la que había manejado en la india un año atrás y de la cual quedó enamorada. 

 

9Nuestro viaje no paraba de traernos sorpresas maravillosas, veníamos de estar en la casa de Hernando y Gloria, una pareja de motoviajeros que nos acogió en la ciudad de Pasto y nos hicieron sentir como si fuéramos parte de su familia, con ellos estuvimos conociendo la laguna de la Cocha y probando la trucha que es típica de ese lugar. Prácticamente invadimos su espacio, convertimos el comedor en oficina, llenamos cada rincón con nuestros pertrechos y ellos ni se inmutaron con nuestro “caos”. Como buenos viajeros saben que uno llega a cualquier lugar y en 10 minutos tiene un reguero de cosas. Cascos, chaquetas, botas y demás pertrechos invaden cada lugar posible, el que no conoce del tema no entiende cómo es posible que tantas cosas vayan sobre una moto y en nuestro caso sobre dos… Las conversaciones con nuestros anfitriones fueron largas y tendidas, hablamos de motos, compartimos anécdotas, reflexionamos de la vida y también nos reímos. Buena energía nos llevamos de esta pareja que como dato curioso posee una Honda Goldwing 1600 edición especial de los 20 años, que perteneció nada menos que a Pablo Escobar, quien la trajo a Colombia por allá en los 90, sin poderla disfrutar mucho que digamos, y por azares de la vida esta hermosa moto, que estuvo guardada muchos años, terminó en manos de esta bella pareja que la sabe gozar al máximo y mantener impecable.

15La primera frontera siempre es algo que estresa un poco, aunque entrar a Ecuador fue tarea fácil, solo un poco de paciencia para obtener el sello de entrada al país vecino, pues lamentablemente los cruces terrestres cuentan con muy pocos funcionarios atendiendo y esto demora bastante el proceso, al parecer los que viajamos por tierra somos de una categoría inferior a los que viajan por aire y por ende poco importa atendernos con prontitud. Pero lo importante es que luego de un par de horas ya teníamos nuestros papeles y los de las motos listos para ingresar legalmente. Lo mejor es que el trámite es muy fácil. Para la moto solo hay que llevar la matricula o licencia del vehículo (que esté a nombre del conductor o sino un poder autenticado), la licencia de conducción y el pasaporte o la cédula, ya que al Ecuador y Perú se puede ingresar con la cédula y no hay que pagar nada, solo para Perú exigen un Soat para la moto que vale 33 dólares por 30 días, pero si uno posee seguro de la moto que cubra en Perú con llevar el documento de la aseguradora que especifique esto no hay necesidad de adquirir dicho Soat. Nosotros contamos con la asistencia de una firma llamada Lynce Seguros, ellos saben asesorar muy bien en estos temas y gracias al seguro que ellos nos ofrecieron no tuvimos que pagar esos 33 dólares que servirán para unas cuantas tanqueadas de nuestras motos.

Ecuador lo cruzamos rápido, pues no es un secreto que tenemos los ojos puestos en llegar al sur del continente antes de que se acabe el verano y se torne difícil por el frío bajar en moto hasta Tierra del Fuego. Pero las dos etapas que hicimos en tierras del país vecino las disfrutamos al máximo. Los paisajes de las montañas ecuatorianas, que parecen colchas de retazos, nos acompañaron en gran parte del recorrido, así como sus lagos y volcanes, aunque muchos de ellos estuvieron ocultos bajo las nubes, pero en la noche llegando a Riobamba, ciudad andina donde dormimos el segundo día, vimos la cubre del imponente Chimborazo con sus glaciares y nieves perpetuas a más de 6 mil metros de altitud. Una imagen que no quedó guardada en la cámara ya que era muy difícil de lograr, pero que se quedará para siempre en nuestra memoria.

10Sabemos que muchos quieren saber de nuestras compañeras de dos ruedas y por ello les contarémos un poco de ellas, Irbis y Luna van como si nada, llevamos ya más de 3.000km recorridos y están funcionando como el primer día. Consumiendo en promedio entre 100 y 115km/g, lo cual es muy bueno para el bolsillo y sin dar nada que hacer, solo chequear el aceite, el cual se mantiene en el nivel normal desde la salida, inspeccionar el aire a las llantas y lubricar las cadenas, para lo cual ha sido muy útil el aceite Cadenoil, el cual conocemos de muchos años atrás y para viajes largos tiene la ventaja de ocupar muy poco espacio en el equipaje, rendir bastante y mantener el kit de arrastre en buen estado para alargar su vida útil, un punto importante para nosotros, así como para cualquier viajero o usuario de moto. Con el equipaje vamos perfecto, las maletas de Mastech ya tuvieron su primera prueba de impermeabilidad luego de soportar más de 3 horas de lluvia en la ruta hacia la frontera de Ecuador con Perú, en una etapa que se hizo más larga de lo imaginado por cuenta del agua que no paraba de caer en esta zona de selva tropical y plantaciones de banano. Ese día esperábamos dormir en suelo peruano, pero con tanta agua pudimos llegar a la ciudad portuaria de Machala y allí pasamos la noche a 70km del cruce fronterizo.

Viajar es saber adaptarse, recibir todo con la mejor energía, los buenos momentos y los no tan buenos, porque la ruta depara muchos contrastes, en un instante puede uno estar en el paraiso disfrutando las mejores carreteras y paisajes y al siguiente puede estar en el infierno cuando algo inesperado sucede, pues el día 9 de nuestro camino salimos temprano con la intención de pasar al Perú y llegar a las playas de Máncora a disfrutar del sol, la arena, la comida de mar y las olas en la tarde, pero el destino tenía otros planes muy diferentes. Al llegar al lugar donde se deben sellar los pasaportes vimos una fila de unas 100 personas, no parecían muchas, es lo que en un aeropuerto les tomaría unos 20 minutos en atender a los funcionarios de migración, pero como ya dijimos, el viajero terrestre es tratado como si fuera de una categoría inferior en algunas fronteras y así fue como 20 minutos se convirtieron en 6 horas de espera. Aunque nos lo tomamos con la mejor energía y hasta lo disfrutamos en compañía de Simone, a quien nos volvimos a cruzar llegando a Machala y se unió temporalmente a nuestra ruta, de manera que vamos viajando en tres Royal Enfield rumbo al sur, pues ella también quiere llegar a Ushuaia con su moto antes de que termine el verano.

14Pero les terminamos la historia, estando allí en esa fila se nos hizo muy sospechoso ver como llegaban algunos viajeros mucho después de nosotros y salían campantes poco después, como sucedió con un grupo de motociclistas ecuatorianos que viajaban en motos grandes y con muchos más que pudimos ver. Resulta que la opción dos era no hacer ninguna fila, sino acercarse a los guardas de seguridad, sostener una rápida negociación, sentarse a disfrutar una Inka Kola y mientras tanto allá adentro en la oficina, como por arte de magia, los pasaportes recibían su sello sin siquiera tener que ingresar. Seis horas nos dieron tiempo para ver cómo funcionaba todo el sistema, porque además era bastante obvio, imposible no notarlo, pero así son las cosas en muchos lugares, el dinero se impone, corrompe y daña todo, personas de mayor capacidad adquisitiva y seguramente de mayor educación no tienen escrúpulos a la hora de ahorrarse una fila y pasarle por encima a los demás. Al final nos tomó cerca de 10 horas cruzar a Perú, pero lo hicimos de la forma correcta, sin sobornar a nadie, sin atropellar a los demás y lo mejor fue que lo disfrutamos junto a algunas de las personas que nos acompañaban en la fila y con los que pasamos un rato agradable.

 

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