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Más de 1.190 Kms de recorrido, 9 días de aventura, adrenalina.

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Por: Adriana Hinestroza Salazar

 ¡Si montar en moto es vivir, manejar una Royal Enfield Himalayan, recorriendo el sistema montañoso más alto del planeta, es estar en el cielo!

Los sueños son los que le dan marcha a la vida. Estos están hechos de deseos e ilusiones. Mi viaje a la India empezó como un sueño, un deseo que buscaba tomar forma. No olvido que el treinta y uno de diciembre, a manera de ritual, pegué en una cartulina amarilla el mapa de mis sueños. Eran varias motos de la misma marca rodando en alguna carretera del mundo. Los rituales buscan de un modo espiritual que el mundo interior de los hombres se conecte con el mundo exterior, con lo tangible. Ese día yo solo pensé en manejar moto, donde fuese, pero manejar moto. Nunca me imaginé que la materialización de ese sueño iba a ser en un lugar tan mágico como la India, un país lleno de contrastes; tampoco imaginé que sería a 120 kilómetros por hora sobre una Royal Enfield Himalayan de 411cc, poderosa y guerrera, pero al mismo tiempo muy suave.

Cuando me enteré del viaje no podía creerlo, pensé en todas las dificultades que podría tener esa aventura pero mi espíritu valiente no permitió que esquivara mi destino: estar a 5.300 metros de altura sobre una moto. Me subí al avión con un morral cargado de ilusiones y expectativas, ninguna de ellas alcanzó ni la mitad de lo que la vida tenía preparado para mí. Llegué a Nueva Delhi a las 11:00 pm e inmediatamente conocí a uno de los directivos del evento, él me entregó camisetas, calcomanías y la llave de la que sería mi compañera de viaje: Mi Himalayan Blanca. Tuvimos conexión desde el primer momento que la encendí. Sí, me enamoré de ella a primera vista. Yo siempre he pensado que la moto es como una persona, para mí se convierte en algo más que material, es algo donde se involucran sentimientos y esto sólo lo logramos entender los amantes de las dos ruedas.

Adriana Hinestrosa RE Himalaya 22

Me dieron unas instrucciones en un inglés indescifrable. Estaba algo desubicada, tenía una mezcla de nervios y ansiedad que no podía disimular, no entendía nada. Llegó el gran día, 17 participantes, todas mujeres apasionadas por las motos, en su mayoría procedentes de ciudades de la India, diez más de logística, una camioneta Van para transportar las maletas de un lado a otra, una camioneta que llaman ´Pajero´, con la conductora, la médica, la fotógrafa y cuatro mecánicas. La adrenalina se mezcló con mi sudor, estábamos a 48°c y sumado a la chaqueta, el pantalón y las botas que llevaba puestas, me sentía como en un sauna indio ´normal´. Había más de cincuenta periodistas que se amontonaron para tener la mejor fotografía del evento. Yo aún no me la creía. Comenzaba sí nuestro camino saliendo de la ciudad hasta nuestro primer destino: Parwandoo.

Adriana Hinestroza Salazar fue la primera piloto colombiana en terminar el desafío al Himalaya en Moto.

 

 

De entrada me encontré con un elefante, cual mascota que sacan un domingo a la ciclovía; micos revoloteando por todas partes, vacas, cabras y ovejas en medio de la carretera, algo así como un zoológico ambulante. A la ciudad la cubre una nube de polución, que hace verla como con un filtro ´vintage´. Todo esto era ambientado con la banda sonora de esta historia: los pitos. Sí, el pito para los conductores indios es su herramienta vital, más que los espejos, más que las luces. No escuchas más que gente pitando en medio de un tráfico infinito. El olor a India es particular, es una mezcla de especias, a hierbas, a suciedad,  es un olor penetrante a viejo, a guardado. Todo está totalmente alineado: basura por todas partes, niños en la calle vendiendo globos que con sus ojitos brillantes inspiran nobleza pero también pobreza, demasiada.

 

Al día siguiente desayunamos a las 7:00 am, luego ´el briefing´, el momento de la mañana en donde la líder, Sarah, una reconocida competidora de rally en la India y quien trabaja para la marca, explicó la ruta del día, condiciones climáticas y en general todo lo que debemos saber para enfrentarnos al camino. La barrera del lenguaje es difícil al principio y por momentos me desubico, lo único que sabía era que debía seguir a Sarah para no perderme. Cuesta acostumbrarse a la forma de manejo por la izquierda, sobre carreteras muy angostas, con precipicios terroríficos, mucha lluvia, neblina y terreno destapado. En contraste, hay carreteras soñadas, libres, sin fin, pero todas tienen la particularidad de desafiarte, siempre vas al límite, terrenos cambiantes que te obligan a tener los cinco sentidos todo el tiempo puestos en el camino, sientes que estás al borde siempre, no sólo por las condiciones sino por la forma de conducción de todos, el respeto de los conductores es nulo.

Adriana Hinestrosa RE Himalaya 4

Fueron días diferentes, todos, algunos nos sorprendieron, con rodadas extensas entre ocho y doce horas diarias, parando únicamente a tomar “Chai”, la bebida más importante en India, que es básicamente un tipo de té con leche y mucha azúcar, y a comer “Maggie”, algo así como una pasta instantánea muy aliñada. Yo prefiero comer pan con huevo, es lo único que encontré sin picante en la carretera.

Royal Enfield en India es más que una gran compañía, es realmente la marca más amada por los motociclistas. Es increíble como encuentras una tienda de la Royal en cada esquina de la India, por más rural que sea la zona, ahí está. Cada paisaje que recorrí  va quedando como una postal en mi cabeza, una a una, las voy guardando, memorizando y no dejo de sorprenderme con tanta belleza reunida en una foto imaginaria que más bien parece una pintura al óleo.

Mientras voy camino hacia Sarchu, recuerdo lo que sucedió el día anterior en Manali y sonrío: Conocí unos niños en el market pidiendo zapatos, comida, que te abracen, la gente queriéndose tomar fotos contigo, al principio es chistoso, luego no tanto. Un hombre comenzó a cobrar 10 rupias por foto, yo lo dejé con la condición que el dinero fuera para comprarles comida a los niños y así fue. Hicimos negocio en Manali. Al final, recogimos 1.000 rupias, algo así como 100 mil  pesos colombianos.

Adriana Hinestrosa RE Himalaya 18

Sarchu, uno de los pasos montañosos de los Himalayas, 3:00 pm, me sentí muy mal, me vi sola en medio de la nada, la líder del grupo debía ir ya a unos diez minutos, tuve que reducir la marcha, no lograba ver muy bien, había mucha neblina, estábamos a más o menos 4.000 mts de altura, estaba mareada, con un dolor punzante en la boca del estómago, me dolía la cabeza y sentía ganas de llorar.

Con el paso de los días me fui acostumbrando a la comida india, las lentejas condimentadas que ellos llaman DAL me saben muy rico y aunque la boca me sabe a curry desde el desayuno, comencé a sentirme parte de la India. Empecé a amar el Chai y su significado. Es la excusa perfecta para una buena conversación con alguien, para conocernos y compartir, algo así como para nosotros los colombianos el momento del café. Nos tomamos unos ocho vasos de Chai al día.

Disfruto mucho las carreteras off road y junto con mi compañera Sarah, nos sentimos desafiando cada piedra, cada río y en general cada zona que encontramos, disfrutamos acelerando nuestras motos al tope, al extremo…En una de esas, aceleré más de la cuenta, la llanta de adelante se topó con una piedra y el timón me hizo un extraño, afortunadamente logré controlarlo, así que reduje la velocidad.

Rodar tantas horas diarias te obliga a pensar,  más de la cuenta, tu mente hace una especie de reset y se vacía, se olvida del estrés de tu vida cotidiana.

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La noticia contrasta con la felicidad de Sarah y yo en la zona off road, una de nuestras compañeras, Prianka, modelo y motociclista, cayó en una zona muy alta, al parecer y como un milagro está golpeada pero bien, la moto quedó de pérdida total. Silencio, todas quedamos en shock, desde el primer día que otra de las participantes se accidentó, una más se enfermó sin poder continuar y ahora ella…Sabíamos que teníamos que cuidarnos más, no queríamos arriesgarnos. Esa noche, celebramos que Prianka estaba bien pero la odisea para ella había terminado.

Rodar tantas horas diarias te obliga a pensar,  más de la cuenta, tu mente hace una especie de reset y se vacía, se olvida del estrés de tu vida cotidiana, de tus problemas, tus preocupaciones, solo te concentras en el sonido de la moto mezclado con el viento, observas detalle a detalle cada paisaje y sueñas, todo el tiempo sueñas. En medio de mis pensamientos de carretera, revivo los abrazos sinceros y poderosos de mis compañeras de viaje que se convierten en motivación diaria, el Chai muy dulce en contraste con el picante del arroz, la mirada penetrante de los niños descalzos en la calle y sus sonrisas cuando se acercan a abrazarte.

En la última parada, antes de llegar a nuestro destino final, encontré un hombre en un estado de hipotermia, necesitaba hacer algo por él, entonces me acorde de la bolsita mágica caliente que Prachi, la fotógrafa del viaje, me dio un día y por algún motivo no utilicé, este era el momento para usarla, siento que le salvé la vida. Continuamos nuestro camino ascendiendo, poco a poco fui reduciendo la marcha, tenía las manos engarrotadas, el dolor por el frío de mis dedos era indescriptible…el hombre que guió ese tramo, a quien acababa de conocer, se quitó sus guantes y me los pasó. Definitivamente todo fue una sucesión de bendiciones, yo le llamo pequeños milagros…Adriana Hinestrosa RE Himalaya 6

Las calles resbaladizas, había rastros de nieve en ellas, haciendo de cada curva un desafío. La neblina, los abismos, las piedras, la sensación constante de peligro, la imagen de mis manos moradas, el dolor del frío, comencé a preguntarme por qué no le había hecho caso a la conductora de la camioneta ese día: “es muy tarde, las condiciones no están para subir, hay mucha nieve…” Yo, tenía que subir, ese día me habían informado que por cuestiones de logística, mi viaje a Colombia estaba programado para el siguiente día, lo que significaba no poder subir con el grupo de mujeres al punto más alto. Yo me rehusé a dejar de subir, era realmente mi objetivo así que era en ese momento o nunca…Al final, logré que me acompañara uno de los líderes, un periodista, una persona de la marca y una camioneta que nos soportaba con oxígeno en caso de necesitarlo. 18.380 pies de altura (unos 5.602 mts), bandera de Colombia en mano, bailamos al ritmo del hit del momento en India, sonreímos, lloré de alegría, se me iba a salir el corazón...Estamos en Khardungla, el paso montañoso transitable más alto del mundo.

Entonces es cuando pienso lo afortunada que soy de estar allí, de culminar el desafío más alucinante que como mujer y motociclista puedo experimentar, venciendo miedos y adversidades. Y es en ese momento que cobró sentido el tatuaje que un día, a manera de compromiso con mi pasión, me tatué en el brazo izquierdo: “Born to ride”.

¡Si montar en moto es vivir, manejar una Royal Enfield Himalayan, recorriendo el sistema montañoso más alto del planeta, es estar en el cielo!

Adriana Hinestrosa RE Himalaya 5

 

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